Estrategia PLAC

Lo que sabemos hasta ahora es que el cambio multinivel depende en gran medida de iniciativas Pequeñas, Locales, Abiertas y Conectadas (Manzini, 2019) portadoras de cambios disruptivos en las formas de hacer las cosas con respecto a la manera dominante, de ahí que desde el LIIISE creamos que una forma generativa de contribuir a catalizar el necesario cambio sistémico sea diseñar una Estrategia PLAC (Pequeño, Local, Abierto, Conectado) que ayude a identificar, fortalecer y conectar estas iniciativas entre sí para hacerlas más transferibles a otros contextos (replicables), más resilientes (con mayor capacidad de adaptarse a los cambios adversos proyectando futuro) y más reflexivas sobre el cambio de valores que aportan y la igualdad que favorecen sus procesos.

Se trata de identificar las iniciativas pequeñas, locales, desde el punto de vista espacial o desde el punto de vista de su espacio operativo, para contribuir a su apertura y ayudarlas a conectarse para la construcción de una resiliencia colectiva. Una estrategia que permita abordar riesgos locales desde resiliencias globales.

La importancia de lo pequeño

La gravedad y urgencia de los desafíos socioecológicos hacen necesario superar la lógica con la que se han construido los sistemas socio-técnicos actuales: enfoque basado en grandes infraestructuras, intensamente dependientes de energías fósiles, generadoras de residuos no reabsorbibles por la naturaleza, con sistemas de decisión muy jerarquizados y orientados casi exclusivamente a la realización de valor monetario en el mercado a través de la estandarización.  El desafío hoy es potenciar otras lógicas, portadoras de otros valores, más pequeñas y flexibles que permitan una mayor diversidad de opciones socio-técnicas para satisfacer las necesidades humanas sin poner en peligro la supervivencia de la especie y generando una mayor conexión con el resto de especies en el planeta.

Lo pequeño ofrece también la ventaja de ser más comprensible y controlable, lo cual es muy conveniente cuando se está experimentando; también posibilita conversaciones significativas en torno a problemáticas comunes emanadas de vivir en un espacio sentido como compartido, tan necesarias para la resolución de los nuevos conflictos que puedan emerger en torno a los valores emergentes.

Además, hoy lo pequeño puede tener todas las ventajas de lo grande en cuanto a aprendizaje, adaptación y aprovechamiento de las oportunidades si está oportunamente interconectado, si forma parte de una red de nodos locales en un mundo global (siempre, claro está, que ostente algún grado de control sobre las plataformas que facilitan esa interacción).

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La innovación local

Por otro lado, es importante reconocer que la innovación realmente transformadora siempre es local, tanto desde el punto de vista espacial, como funcional. El cambio siempre se inicia desde algún lugar del sistema, pues nadie dispone de un campo de acción universal, y, si las circunstancias lo favorecen, prolifera desde allí.

Esto implica que lo que es nuevo en un contexto, puede no serlo en otro, lo interesante es identificar cuales son los “discontinuos locales” (Mazini, 2019) en cada lugar o ámbito de acción y comprender cuáles son sus valores y prácticas innovadores y qué capacidad transformadora portan.

Otro aspecto relevante de lo local es que pese al proceso globalizador sigue siendo muy diverso y refleja una gran pluralidad de formas de ser, pensar, sentir, hacer para satisfacer las necesidades de personas y territorios en diferentes contextos. Existen muchos ejemplos de innovaciones socioecológicas locales que están tratando de aportar soluciones colaborativas, en el diseño e implementación de nuevos modelos económicos, nuevos sistemas de producción, nuevas ideas de calidad de vida, de actualizar los saberes artesanales locales, de regenerar los ecosistemas, de hacer, en definitiva, los territorios más vivibles, o al menos más vivibles, contribuyendo a que las personas que lo deseen puedan permanecer en los territorios a los que se sienten emocional e identitariamente vinculados.

Estas iniciativas constituyen laboratorios vivos, donde la gente comparte pareceres y sentires, prototipa y valida soluciones complejas en tiempo real. Estas iniciativas siguen siendo el mayor banco de experiencias disponible para explorar las nuevas soluciones que necesitamos ante los grandes desafíos socioecológicos.

De nuevo, los problemas asociados a lo local, como realidades encerradas en si mismas, muy conservadoras y resistentes al cambio, oportunamente abordados, pueden diluirse en un contexto en el que las tecnologías facilitan que los espacios locales sean espacios abiertos y conectados en redes de largo y corto alcance.

Lo local abierto

Para que lo pequeño y lo local se conviertan en nodos de trasmisión de innovación y aprendizaje a lo largo de la red global han de ser, obviamente, espacios abiertos. En primer lugar, a la participación de la diversidad de saberes y sentires frente al cambio; en segundo lugar, a la movilidad de personas y a la inclusión de visitantes de largo y corto plazo  a las conversaciones sobre las transformaciones en curso, imaginadas y deseadas; en tercer lugar, al intercambio de materia, energía, información, conocimientos y saberes de otros espacios. Ahora bien, para que las innovaciones locales se traduzcan en cambios globales significativos, los intercambios han de producirse bajo unos principios transversales de solidaridad. De otro modo, la apertura podría acabar disipando la energía innovadora local.

Conocer mejor y aprender a manejar estos grados de apertura, y en consecuencia, a abordar los conflictos que puedan producirse entre las múltiples tensiones dentro-fuera, es otra de las áreas de investigación-acción que desde el LIIISE nos proponemos abordar con las iniciativas interesadas.

Lo local conectado

La proliferación de las iniciativas socioecológicas transformadoras, pequeñas, locales, abiertas no reside tanto en la cantidad como la calidad de sus conexiones que establecen, tanto al interno como al externo de su espacio de operaciones. En efecto un ingrediente esencial para la resiliencia de las iniciativas locales es que estas estén conectadas a redes más amplias que compartan aspiraciones transformadoras. No obstante, esta no es condición suficiente, la conexión se debe generar también con una la mayor diversidad posible de iniciativas en la misma constelación de valores, pero con objetivos e interese diversos y, muy especialmente, es necesario cuidar con gran atención los procesos de realimentación y de aprendizaje mutuo que permitan construir relaciones densas profundas y duraderas.

De nuevo, que estas conexiones de calidad se produzcan requieren la generación de infraestructuras sociales que generen y faciliten redes de conocimiento y recursos distribuidos, de difusión de la creatividad y que contribuyan a fortalecer los lazos de realimentación y aprendizaje.

El LIIISE aspira a convertirse en una de estas infraestructuras facilitadoras.